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“Tiene huevos morir por estos riscos”

 

“Tiene huevos morir por estos riscos”. La frase es de Enrique Lister y la pronunció en 1983 en el escenario de la Batalla del Ebro, en la que había participado, y al que regresó en compañía del hoy catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona Joan Villarroya.

 “Yo lo acompañé el 10 de junio de 1983, era la primera vez que volvía desde la guerra; dijo esa frase y después se echó a llorar”.

 El profesor Villarroya protagonizó este martes la segunda entrega del ciclo de conferencias organizado por la Fundación Juan Negrín al amparo de la exposición de cartografía republicana de la Batalla del Ebro, abierta hasta el 30 de diciembre en su sede de Las Palmas de Gran Canaria.

 El catedrático catalán se declaró admirador de Juan Negrín,  algo que, según dijo, dijo es “raro en Cataluña. “Negrín fue el jefe de gobierno mejor preparado que ha tenido España, era honesto y tenía capacidad de decisión, me duele que a un hombre de esa capacidad le tocara dirigir la República en los perores momentos”.

 El historiador, coautor del “Atlas de la guerra civil en Cataluña”, entre otras obras, expuso en Gran Canaria la conferencia titulada “Una aproximación cartográfica a la Batalla del Ebro”.

 Con la ayuda de mapas de distinto tipo y factura, el profesor describió la composición de los ejércitos, las circunstancias del frente y algunos de los episodios más relevantes de la batalla más importante que se ha librado jamás en España.

 Subrayó el desequilibrio del factor humano entre ambos ejércitos: mientras el franquista tenía hombres para hacer los relevos, el republicano iba quedando diezmado a medida que pasaban los días.

 Los franquistas relevaban unidades enteras. Los republicanos también lo hacían “pero cuando volvían de retaguardia las unidades ya no estaban enteras, volvía la mitad de la mitad, fue una guerra de desgaste”.

 “Había tanta necesidad de hombres”  que Negrín firmó un decreto que permitía la reincorporación de desertores, prófugos y emboscados, con la consiguiente merma para “la calidad del ejército”.

 Villarroya, natural de Badalona, explicó que la comarca donde se desarrolla esta batalla es pobre y de derechas, algo que explica por la guerra civil. “Sufrieron una oleada de represión revolucionaria y hoy, 80 años después,  todavía se discute de ello en los pueblos”.

 La necesidad de hombres obligó al Ejército de la República a reclutar a los que cumplían 18 años en 1938, la conocida como “quinta del biberón”. Algunos tenían 17 cuando fueron llamados a filas en marzo. Este año cumplirían 96.

 “Estoe hecho marcó la vida de una generación, la mitad murió en el Ebro. Conocí a muchos, uno de ellos dejó escrito que al morir quería ser incinerado y que sus cenizas fueran llevadas al Ebro, donde habían muertos tantos jóvenes de su generación”.

 Villarroya destacó el enorme desequilibrio entre ambos ejércitos también en lo relativo al armamento, y describió el terreno donde se celebró la batalla, dominado por dos sierras.

 “Era una orografía muy dura, entonces eran solo piedras (hoy está repoblado con árboles), que tenían que usar para hacer trincheras; luchaban sin agua en pleno agosto, así que bebían los orines; dos unidades se deshicieron mutuamente en la sierra de Pandols; los muertos no se recogían, el hedor era horrible y para soportarlo usaban alcanfor; … esto no lo cuentan los mapas, el sufrimiento, el valor”.

 Destacó que los franquistas tardaban 100 días en recuperar lo que los republicanos habían ganado en un día. En esta “guerra de desgaste terrible”  se avanzaban 300 metros al día, porque “ellos (Franco) tenían superioridad, pero el terreno favorecía la resistencia”.

Próximas conferencias: José Miguel Pérez (9 de noviembre), Ángel Emilio de las Heras (23 de noviembre) y José Andrés Rojo (21 de diciembre).