→ La profesora Rocío Pérez Solís cierra el ciclo de conferencias del proyecto “El viaje de Celia: la literatura infantil y juvenil española entre 1920 y 1950”
Prensa- Fundacion Juan Negrín
El teatro infantil pasó de ser una expresión de libertad en la 2ª República a convertirse durante la posguerra en un instrumento de control. Así lo expuso este miércoles en la Fundación Juan Negrín la profesora de la ULPGC Rocío Pérez Solís, directora y creadora del Programa Educativo Municipal de Teatro Infantil de Agüimes y especialista en teatro infantil y prácticas escénicas aplicadas a la educación.
Pérez Solís, miembro del Departamento de Educación de la Universidad grancanaria, pronunció la quinta y última conferencia del ciclo que completa “El viaje de Celia, la literatura infantil y juvenil española entre 1920 y 1950”, la exposición realizada por el Colectivo Andersen que puede verse en la Fundación Juan Negrín hasta el próximo 31 de julio.

Rocío Pérez Solís, durante su conferencia en la Fundación Juan Negrín.
La conferenciante citó proyectos como el Teatro del Pueblo, que dirigió el dramaturgo Alejandro Casona y que fue una sección de las Misiones Pedagógicas de Bartolomé Cossío; La Barraca de Federico García Lorca o el teatro de títeres como ejemplos del empuje que vivió la escena durante la República y su uso como vehículo de cultura.
Durante el período democrático anterior al 36, el niño o la niña eran sujetos del hecho teatral. “Se aprende haciendo” y la cultura, señaló la conferenciante, se entiende como un derecho y un instrumento para la transformación social.
En el teatro tradicional, el niño es receptor de la función. Esta relación cambia a partir de los años 20 cuando el teatro empieza a entenderse como también como juego y experiencia educativa.
A partir de 1936 desaparece la creatividad y la libertad, porque se busca un alumnado obediente, que sea receptor pasivo del hecho teatral, que ahora es un instrumento de control.
Rocío Pérez Solís se refirió al proyecto de teatro infantil que dirigió en Agüimes (Gran Canaria) durante dos décadas, antes de defender la necesidad de formar a los docentes para que apliquen esta disciplina en el marco de una educación integral para la vida.
“El texto es el pretexto y el alumnado el centro. Debemos reflexionar”, agregó, ““sobre qué papel otorgamos a la infancia en la educación y en la construcción de la sociedad”.
